Cada 7 de septiembre, Argentina celebra el día del enólogo, en conmemoración de la inauguración de la Quinta Normal de San Juan por Domingo Faustino Sarmiento en 1862, un hito para la historia vinícola de nuestro país.
Si bien el protagonismo del enólogo a través de los siglos se mantiene intacto, la forma en la que trabajan ha ido modificándose, como bien explica Marcelo Pelleriti, uno de los referentes indiscutidos de la enología argentina: “cuando empecé, hablábamos mucho más de tecnología y de cómo hacer mejores vinos. Hoy hablamos mucho más del viñedo, del lugar y de la identidad. Creo que la mayor evolución fue entender que el protagonista no es el enólogo, sino el terroir. Nuestro trabajo es interpretarlo y acompañarlo, no imponer un estilo”.
Marcelo Pelleriti creció entre viñedos mendocinos, se formó en Mendoza y perfeccionó su carrera durante veintidós vendimias en Pomerol bajo la mentoría de Michel Rolland. En 2010 se convirtió en el primer enólogo argentino en alcanzar los 100 puntos otorgados por Robert Parker. Hoy concentra toda esa experiencia exclusivamente en el Valle de Uco, con su renovado proyecto Pelleriti Priore, junto a su socio Miguel Priore; convencido de que allí se encuentran algunos de los terroirs más extraordinarios para elaborar grandes vinos. Como resume una frase que acompaña su recorrido: "Burdeos fue la escuela. Mendoza es la obra”.
Indudablemente, Marcelo formó parte de una generación de enólogos que cambió la manera de producir vino: “creo que nuestra generación ayudó a que Argentina dejara de competir solamente por calidad y comenzara a competir por identidad. Entendimos que cada parcela tiene una voz propia y que nuestra tarea es ayudarla a expresarse”.
Esa búsqueda de una identidad propia hoy se ha amplificado en una generación joven de enólogos que flamea nuestra bandera con orgullo. “Los veo con muchísimo talento y muy bien preparados. Viajan, estudian y tienen acceso a una enorme cantidad de información”.
“Hoy entendemos que un gran vino nace de un viñedo vivo. Recuperar la ecología del lugar, favorecer la biodiversidad y respetar el equilibrio natural del ecosistema nos permite elaborar vinos más auténticos y fieles a su origen. La mejor enología empieza mucho antes de entrar a la bodega; empieza entendiendo la vida que existe en cada viñedo”, concluye Pelleriti, apostando a una viticultura consciente, donde el respeto por la biodiversidad, el equilibrio del ecosistema y la mínima intervención permiten que cada parcela revele su identidad con la mayor fidelidad posible. Para Marcelo Pelleriti y Miguel Priore, el gran vino no es el resultado de imponer un estilo, sino de comprender profundamente el lugar del que nace y acompañar su expresión con paciencia, sensibilidad y precisión.