Hay vinos que acompañan una época. Y hay vinos que la definen. El Privado Reserva Malbec de Bodega Jorge Rubio pertenece a esa segunda categoría: con una historia ininterrumpida que lo convirtió en referente de su segmento, se ha ganado un lugar propio en la mesa de los argentinos y en las copas de quienes, alrededor del mundo, descubren el sur de Mendoza a través de sus aromas y su carácter.
El Día del Malbec se celebra cada 17 de abril y los argentinos lo festejamos como propio. Este año, Bodega Jorge Rubio lo celebra como merece, con el vino que con más de 20 años en el mercado se convirtió en un clásico. El Privado Reserva es parte de la historia de la bodega y de quienes lo eligen cosecha tras cosecha.
Un vino que siempre supo quién era
Desde su primera cosecha, el Privado Reserva Malbec nació con una vocación clara, ser un vino de autor, honesto, que hablara del lugar donde fue hecho. Elaborado con uvas de los viñedos propios de la bodega en el Oasis Sur mendocino, esa franja fértil que se extiende entre General Alvear y San Rafael, regada por el río Atuel y moldeada por un clima continental de altura, el vino descansa 12 meses en barricas americanas y francesas antes de llegar a la botella. Un proceso que le aporta complejidad y carácter sin opacar la expresión genuina de una región que durante décadas fue la gran desconocida de la vitivinicultura argentina.
La etiqueta de cuero que se convirtió en símbolo
Si hay un elemento que distingue al Privado Reserva en cualquier vinoteca, góndola o mesa, es su etiqueta. Confeccionada en cuero, se convirtió con los años en un símbolo de identidad para la bodega y en una de las etiquetas más reconocidas del segmento. No fue un golpe de marketing. Fue una decisión que buscaba materializar en el packaging la misma autenticidad que hay dentro de la botella. Única y elegante a la vez, la etiqueta de cuero del Privado Reserva es hoy un ícono que trasciende el vino y habla de una forma de entender el oficio.


