Si lo que se busca es un rooftop para bailar a la luz de la luna, éste es el lugar. Como un verdadero boliche al aire libre, pero a 40 metros de altura, esta terraza dispone de dos niveles, uno con un pequeño living y mesas altas, y otro donde se arma -y se llena- la pista al lado de la pileta. Allí hay un espacio para el DJ, que va rotando semana a semana pero casi siempre elige música electrónica, especialmente deep y progressive house. Aquí, insistimos, se baila: solo, en pareja o en grupo, envueltos por las luces de colores que giran hasta tocar las cúpulas de edificios y torres aledañas a la Plaza de Mayo, a sólo dos cuadras. Lo frecuentan extranjeros -huéspedes del mismo hotel u otros cercanos-, oficinistas y seguidores de los DJs, que se enteran de quién “toca” cada noche por las redes sociales. Funciona únicamente durante el verano, los jueves y viernes de 18 a 23. Las opciones gastronómicas son acotadas, ya que la barra se monta especialmente en un rincón del deck para cada evento, pero el público (30-45) no se queja: va por su cerveza ($ 110) o su Campari Orange ($ 180) y a lo sumo picotea unos quesitos ($ 180 la tabla) o unas mini empanadas (6 por $ 110). Al fin de cuentas, lo que los convoca es la música, el ambiente, la vista de la ciudad y/o ese chico/a con el que pueden compartir un buen rato en los sillones o reposeras de un pequeño sector reservado, bajo las estrellas.
Algunas de las fotos destacadas.