Mezclando dos culturas se obtiene este trago delicioso. El Clericó, o Clericot, es oriundo del Paraguay y muy popular en la Argentina, sobre todo para las fiestas de fin de año, y se prepara a base de vinos blancos, rosados, sidras o espumantes. La Sangría, que fue traída por los conquistadores de España, hoy es uno de los tragos clásicos de nuestro país, y a diferencia del Clericó se prepara a base de vino tinto.
Según dice la historia, los españoles pusieron frutas en un barril con vino tinto de baja calidad y la dejaron reposar por unos días. Al darse cuenta que el sabor del vino mejoraba, decidieron agregarle azúcar, brandy y unas ramas de canela, y ¡voilà!, una bebida fresca y deliciosa con baja graduación alcohólica que enriquece cualquier vino de baja o mediana calidad, y resulta ideal para disfrutar en cualquier momento del día, especialmente al mediodía y mientras cae el sol.
Preparación:
Lo más importante para lograr una buena sangría o un buen clericó es dejar macerar las frutas durante un par de horas para que la bebida adopte el sabor de la fruta fresca.
·En una jarra de vidrio se debe servir el vino –idealmente vinos jóvenes-, agregando almíbar a gusto personal (se prepara con partes iguales de agua y azúcar) y las frutas.
·Comúnmente se usan naranjas, jugo de limón y frutas de estación bien carnosas y aromáticas como duraznos, uvas, frutillas y manzanas.
·Antes de servir, se pueden agregar bebidas carbonatadas como gaseosa de naranja o limón y soda. Agregar hielo y revolver con un cucharón de madera.
·Para un resultado más elaborado, se puede agregar un poco de brandy o triple sec y, en la sangría, algunas ramitas de canela (en España a estas versiones las llaman “zurra”).